Cuándo contratar es el problema, no la solución

¿Cuándo contratar?

Un caso que se repite: «Necesito contratar a alguien, pero no me lo puedo permitir».

Esto me lo contó una persona que tenía un negocio que funcionaba. Facturaba bien, tenía clientes fieles y trabajaba cada vez más horas. Su conclusión era lógica: si no llego a todo, necesito a alguien que me ayude. Llevaba ocho meses con la oferta de empleo redactada y sin publicar.

Le pedí que describiera el puesto y curiosamente le costaba. Lo consiguió, pero se dio cuenta de que no era un puesto lo que necesitaba sino una lista de todo lo que él no quería hacer: facturas, seguimiento de clientes, algún presupuesto, «un poco de todo».

Ese es el primer aviso. Cuando no sabes definir qué hará la persona que contratas, el problema no es de contratación.

Debajo había otra cosa. Cada decisión de precio, de alcance y de cliente pasaba por él. Contratar a alguien en esas condiciones significaba incorporar a una persona que, al cabo de dos semanas, también tendría que esperar a que él decidiera. El cuello de botella no era la falta de manos, era la falta de criterio compartido.

Contratar no resuelve un problema de decisión. Lo traslada. Pagas un sueldo y sigues igual de bloqueado.

Hay tres preguntas que se deben contestar antes de publicar una oferta:

  • ¿Puedo describir el puesto en una frase y ponerle un resultado medible?
  • ¿Qué decisiones tomará esa persona sin consultarme?
  • ¿Qué voy a dejar de hacer yo el día que llegue?

Si no tienes respuesta, no hace falta un empleado todavía. Hace falta resolver lo que hay debajo.

La oferta de ese caso sigue sin publicarse. Lo que cambió fue lo demás: ahora sabe cuáles son las tres decisiones que quiere dejar de tomar solo.

Si te reconoces en esto, pon tu caso sobre la mesa y vemos qué hay debajo.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *